Hace diez años Adela vivía en Nueva Augusta con sus
padres, iba al colegio de su pequeño pueblo andando con una vecina, amiga suya
con la que siempre jugaba. Su vida era tranquila, rutinaria pero maravillosa.
Adela era una niña muy feliz pero ya con la idea de que cuando fuera mayor iría
a la universidad a estudiar. Quería ser algo mas de lo que sus padres eran.
Ella, era mas ambiciosa y quería recorrer mundo, algo que su familia nunca
había podido hacer.
Laura, diez años antes también vivía con su familia
pero en una gran ciudad, del centro de Estados Unidos, sin mar. Ya de pequeña
ella soñaba con ver el mar porque en la escuela a la que ella acudía había un
cuadro en el despacho de la directora que siempre la había encantado. En ese cuadro
podía verse una playa inmensa, totalmente vacía y con un mar azul tan bonito
que Laura no podía apartar los ojos de el. Tanta era su atracción hacia el
cuadro que Laura hacia todo lo posible por entrar en el despacho de la
directora a menudo. Logró hacerse delegada de su clase, después de su curso, y
finalmente de todo el colegio. Su carácter le ayudaba mucho en todas sus tareas
ya que era una chica muy simpática, abierta y organizada.
Lawrence ya era un fantasma. De hecho no se recuerda
cuando fue la infancia de este chico ni cuando falleció por primera vez par convertirse
en el fantasma que sigue siendo ahora. Lo que si sabemos, es que siempre ha
vivido en Cardwell.
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